Gengis Khan

Título: Gengis Khan

Autor : Vasili Yan

Reseña hecha por : Carlos Valades  @carlosvalades

Imagina por un instante que estás en el campo. Hoy es uno de esos días soleados que permiten tirarse en la hierba, mordisquear una pajita y escuchar atentamente el silencio mientras observas la vida y las nubes pasar, tranquilo, sosegado.

Un día anodino, plácido, donde el tiempo parece no transcurrir.  Uno de esos días en los que tal vez un rumor lejano, cada vez más perceptible, más presente, se escuche, una transformación sonora de minúscula a mayúscula. Es en uno de esos días en los que la vida da un vuelco,  y mientras corres hacia tu pueblo, de refilón, oteas una masa ingente de jinetes profiriendo extraños alaridos. Y ese miedo visceral se apodera de todos, que corren en todas direcciones, aturullados, buscando a sus seres queridos.

Y precisamente, en uno de esos días en los que nada parece suceder, todo sucede. La muerte arrolla. La destrucción triunfa. Y en escasamente unos minutos, las praderas ya no son tan verdes, ni el hogar tan dulce. Tu pueblo acaba de ser devastado por la más increíble máquina de guerra: el ejército mongol de Gengis Khan, el Gran Khan: máximo gobernante,  señor del universo, el emperador.

El mundo, más allá de fronteras y murallas, siempre se ha fraccionado por pueblos y tribus. El mérito de Temujin, es decir, Gengis Khan, fue poner de acuerdo a los señores de la guerra de la estepa mongola de que cambiaran de adversarios y dejaran de guerrear entre ellos para, bajo un mismo estandarte, conquistar el mundo, ir hacia el oeste, hasta la última mar, hacia una Europa que desconocía el peligro que se cernía sobre ella.

El pueblo mongol, era un pueblo nómada, siempre recorriendo la estepa en busca de pastos para sus caballos y rebaños. Y aún hoy lo sigue siendo. Por eso, los primeros problemas para el ejército mongol era que no sabían como asediar una ciudad, no conocían aquellos altos muros de piedra, ni las disposición de las ciudades.

Pero como buenos asiáticos, la copia siempre ha sido una solución. Los ingenieros chinos de los pueblos conquistados contribuían al diseño de innovadoras catapultas, y ya la expansión fue irrefrenable. El imperio mongol fue el imperio de tierras continuas mas extenso de la historia. De China a Irán, Irak, Rusia, Turquía, …llegando hasta Budapest, en el río Danubio, en lo que hoy es Hungría. Su carácter nómada, siempre en constante movimiento, les dotaba de una flexibilidad de la que sus adversarios carecían.

Sus caballos, más pequeños, pero más rápidos que los europeos, les permitían recorrer grandes distancias en tiempo record.La novela, publicada por la insólita editorial Valdemar ,  es la primera de una  trilogía escrita por el escritor ruso Vasili Yan, especialista en el pueblo mongol.

La portada es una ilustración del increíble Iván Bilibin .De tono épico, la narración comienza en el reino de Karezm, con el sha más preocupado de mantener su harén y las intrigas palaciegas controladas, que  de escuchar las advertencias del peligro oriental.

Tiempos de fieles musulmanes, de derviches trotamundos, de salvoconductos en forma de joyas. Tiempos en los que los correos debían aprender el mensaje de forma oral y cantada debido a que los jefes tribales de las avanzadillas mongolas no sabían leer ni escribir, tiempos convulsos en los que el destino de los seres humanos era demasiado frágil como para perdurar.

Debido a su carácter nómada, los mongoles no dejaron ningún tipo de legado, ni ciudades, ni construcciones, nada a nivel artístico, tan solo aquellos utensilios que pudiesen servirles en su día a día, y que pudiesen ser fácilmente transportados. Ni siquiera escribieron la historia, papel que correspondió a los pueblos a los que iba sometiendo, razón por la que quedan retratados como hombres crueles y sanguinarios.

Animistas,  tolerantes con las religiones de los países anexionados, más concentrados en acumular botines que en someter socialmente a las sociedades invadidas, el imperio mongol supuso un formidable y destructivo rodillo de guerra, con una inteligencia y una visión poco común para la época resumida en una cita del Gran Khan: “Ten el valor de la astucia que frena la cólera y espera el momento propio para desencadenarla”.

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4 respuestas a Gengis Khan

  1. Alisetter dijo:

    Fascinante, Carlos! muy buena reseña, y qué interesante… ¿este libro tiene que ver con la película Mongol, de Sergei Bodrov? creo que iban a rodar al menos una segunda parte, pero le he perdido la pista… Mongol me gustó mucho.
    Qué fascinantes, misteriosos, y qué mala prensa tienen los pueblos nómadas! está claro que resultan de lo más amenazantes para quienes quieren sujetar y doblegar a las gentes, para el Poder sedentario que busca que la gente produzca para ellos, para poder enriquecerse más y más, y para ejercer el Poder cuando quieren/consideran, sin tener que salir a buscarles por las estepas, los desiertos, las llanuras… La gran mayoría de pueblos nómadas siempre han sido unos proscritos: gitanos, tuaregs, etc., etc.

  2. Carlos Valadés dijo:

    Muy cierto lo que comentas Alicia. Las formas de vida diferentes siempre han asustado. La película no la vi, pero quiero hacerlo. La que si vi es “La historia del camello que llora” y “Dersu Uzala” del gran Akira kurosawa.
    Tengo pendiente “La boda de Tuya”.
    Como siempre, gracias por comentar, Alicia.

  3. Iván dijo:

    Un pueblo sin duda especial y peculiar. Gran post de una figura legendaria . Hay un libro que pude leer durante mi viaje por esas tierras ” En el Imperio de Gengis Kan ” de Stanley Stewart del National Geographic es maravilloso 🙂

  4. juanms dijo:

    Hubo un tiempo a principios del Siglo XXI, donde ya existía un juego llamado “The age of Empire”, estuve largas temporadas jugando mientras estaba en la universidad, y desde entonces quedé afectado por ver como se desarrollaba el temido Imperio Mongol y lo duros que eran para la lucha. Venían y me iban aniquilando lentamente. Hoy en día, en los albores de la segunda mitad del año 2011 me ha entrado unas ganas tremendas de leer este libro. Un saludo .Valades. Juan A.

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