Pasajera a Teherán

Título: Pasajera a Teherán

Autora: Vita Sackville-West

Reseña hecha por : Alicia Ortego @Alisetter

Este es un libro que nos lleva a Persia, el actual Irán, un país injustamente desconocido o revestido de connotaciones políticas y negativas, aunque por ello una magnífica oportunidad para sorprenderos si decidís viajar allí, y doy fe!.

La autora, británica por excelencia y esposa de Harold Nicolson, diplomático destinado en Teherán, fue una de esas raras mujeres que decidió no enclaustrarse en los salones de las residencias coloniales, sino vivir con la mayor intensidad posible todos los trayectos y lugares por los que pasó.

El libro comienza y luego es “salpicado” constantemente con reflexiones acerca del viaje, el “estado de viajar” en el que nos sumimos –si queremos- cuando salimos de casa. Reflexiones en las que compara un estilo y aspiraciones de vida sedentaria y/o rutinaria,  con el viaje. Este siempre gana.

“El viajero inteligente es el que no deja de sorprenderse. La persona que se queda en casa sabe que los pavos reales campan a sus anchas por la India igual que los estorninos por Inglaterra, y ese hecho no le parece digno de admiración. No obstante, lo cierto es que resulta realmente asombroso ver a los pavos reales salvajes extender la cola a la luz de un atardecer oriental… Así pues, si no queremos sorprendernos, o regocijarnos con un placer profundo y auténtico, si no estamos preparados para soportar una soledad fascinante a la vez que fundamental, lo mejor será que nos quedemos junto al fuego a esperar con impaciencia la presencia de nuestras amistades a la hora de la cena. Yo, por mi parte, no deseo renunciar al recuerdo de un amanecer egipcio ni al vuelo de las garzas reales ante la luna de madrugada”.

Su periplo, emprendido en 1926, discurre en los transportes de la época: tren, barco, coche, mulas… Cruzando Europa, alcanza Egipto, Irak y finalmente Irán, donde se detiene en Teherán, su lugar de residencia, y las visitas a Quom e  Isfahan. En un segundo libro, incluido también en esta edición de Minúscula, Doce días, relata su expedición con una pequeña caravana de mulas, a la cordillera Bajtiari.

Las descripciones de los lugares por donde pasa son muy bellas, deteniéndose en los paisajes y la flora (como buena inglesa, buscando bulbos  para su propio jardín). Sin embargo, es cierto que su estilo es muy “inglés” en cuanto a la distancia que parece mantener con los nativos. Buena parte del libro no llega a mencionar a los persas más que para algunas críticas sobre lo mal conservados que tienen sus edificios, por ejemplo en Teherán, o lo faltos de “ganas de trabajar”, lo poco emprendedores que parecen ser. Aquí no sé si puedo estar de acuerdo con ella, francamente… no me parece que los persas sean un pueblo de vagos y poco más.

Me sorprende su descripción de Teherán. Ella llegó hacia 1926, yo estuve en 2001… hablamos de algo más de 70 años, pero ella habla de una ciudad casi medieval, a la que sólo se puede acceder por las puertas de la muralla que la rodea (vigiladas, y cerradas por la noche).

“Y entonces, de pronto, se materializó la puerta de una ciudad cerrando el paso. Una puerta decorada con azulejos de colores, un ancho foso, una muralla de adobe y un centinela que nos detuvo, cuaderno en mano (…). Aquello, no cabía la más mínima duda, era Teherán”.

Sí reconozco los canales de agua que discurren por la ciudad alegrando y refrescando el ambiente con su sonido y ligera humedad, y los parques –que ella trata de comparar con los jardines británicos- en los que uno se puede relajar, escapar del calor e incluso encontrar su pequeño momento de soledad… Pero poco más. Teherán es hoy una megalópolis con edificios de estilo soviético en buena parte de su extensión y grandes avenidas (algunas flanqueadas por esos canales, que al menos matizan el duro asfalto).  No obstante, el Damavand, el pico 5.610 m. de altura sigue allí, cuando la contaminación de la ciudad se aparta. Vita no oculta su fascinación por esta montaña y nos habla de sus recorridos por los alrededores de la ciudad, buscando la luz y las flores.

Comparto plenamente sus sensaciones sobre Isfahan, ciudad de las Mil y una Noches, llena de edificios bellísimos, bazares llenos de vida, y gentes maravillosas (en estas últimas prácticamente no se detiene). Un lugar del que no puedes plantearte no volver…

 Vita nos deja también su testimonio privilegiado de la coronación de Reza Khan, el padre del Sha de Persia. Resulta divertido su ojo crítico para con las celebraciones, decoración de la ciudad, e incluso la actitud del propio Reza…

Es hacia el final, en un viaje por la cordillera Bajtiari, cuando por fin la atención recae también en sus habitantes, las tribus nómadas con las que se cruza por esas montañas. Trata de observar sus costumbres y de imaginar su vida diaria, sus ciclos entre las tierras altas y bajas, siempre en busca del pasto para sus animales, el agua, y el mejor ambiente posible dentro de un terreno agreste y duro.

Un buen libro de viajes para acompañarnos en la vuelta a la rutina, en este otoño que viene.

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3 respuestas a Pasajera a Teherán

  1. claudiabarco dijo:

    Magnífica reseña Alicia, curioso además lo que ella comenta de los persas, ciertamente siempre los he tenido por un pueblo extremadamente sofisticado, y un punto y aparte con respecto a los pueblos vecinos.
    Lo de Teherán yo tampoco sabía que fuese tan grande y estuviese tan contaminada, como tampoco sabía que es una ciudad donde hay muchos drogadictos, lo leí en el libro La sombra de la Ruta de la Seda de Colin Thubron y me quedé sorprendidísima.
    No descarto visitar Irán en un futuro cercano, Isfahan es esos destinos con los que sueño.

    Enhorabuena por la reseña!

  2. Alisetter dijo:

    Muchas gracias Claudia!! Pues si, Teheran es asi, pero dedicarle un par de dias o tres no esta de mas, porque es donde mejor se observa las grandes contradicciones del pais, el punto de rebeldía de las mujeres con su atuendo, o fumando en publico en las teterias mientras se comen con la mirada al novio, o incluso hacen manitas en los parques… Subir a la estación de esquí del Damavand y ver la ciudad a tus pies, lugar de refugio para los jóvenes que llevan sus radiocassettes al hombro (no se que llevaran ahora, pero la música cantada esta prohibida)…
    Isfahan es un lugar fantástico, una Khiva grande y refinada, y totalmente viva. Si, sus gentes es lo mejor del viaje!, efectivamente refinados y muy hospitalarios!! Un viaje totalmente recomendable, aunq como mujer tendrás que llevar atuendo islámico

  3. Encarna espiñeira dijo:

    He visitado irán en junio y me ha parecido maravilloso, sofisticado, exquisito, silencioso y lleno de librerías, la comida buenísima y las flores tienen su presencia en todas partes.
    Fuimos un grupo de amigos a Teherán, shitaz, persepolis, cruzamos el desierto y terminamos en esfahan, increíble.
    Volveré. No dejéis de visitarlo, es el país más seguro.
    Encarna

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