Entre rusos

Título: Entre rusos

Autor: Colin Thubron

Reseña hecha por: CarlosValadés   @carlosvalades

Comparto la opinión del magnífico escritor y viajero, Colin Thubron: “Los viajes nunca empiezan donde nosotros creemos”. Y para él, el viaje a Rusia empezó en las aulas, con el candor y la inocencia de un niño, entre pupitres y olor a tizas de colores, el niño Colin se pregunta viendo un mapamundi escolar, por qué Rusia parece más extraño, menos explícito que otros paises.

Hay naciones , en las que solo ya el nombre exhala exotismo, olores y colores imaginados, paises como India o Brasil, Japón…pero Rusia, solo despide silencio y misterio. Más grande que toda Sudamérica, circunda la mitad del globo y contiene la sexta parte de la superficie de la Tierra. Como escribió el marqués de Custine en 1839 “Rusia es un país donde todos se confabulan para desconcertar al extranjero”. Y donde, además, ningún turista occidental entra sin prejuicios.

Colin Thubron viaja solo, en su coche, un antiguo Morris, y se aloja en los camping que va encontrando por toda Rusia, lo que a los suspicaces ojos de los rusos de principios de los años 80, le hacen parecer un espía. De hecho, en una nota del autor, éste reconoce que tiene que disfrazar la identidad de muchas de las personas que aparecen por el libro. Además sufre una vigilancia estricta 24 horas al día, coches que se turnan en el seguimiento, registros de las habitaciones y todo el pack de clichés que hicieron populares las  películas de espías de serie B. El escritor se ve obligado a quemar parte de su agenda en caso de registro, para no comprometer a los contactos con los que se había entrevistado, y siente los remordimientos de no haberse percatado antes de que le estaban siguiendo.

La Unión Soviética que encuentra Colin Thubron es la de los últimos coletazos de Brehznev, recién terminados los Juegos Olímpicos del osito Misha en Moscú, con el boicot de Estados Unidos y la guerra fría en su máximo apogeo tras la invasión de Afganistán por las tropas rusas. Largas colas de personas esperan en las lóbregas y anodinas tiendas estatales para conseguir alimentos.

La compra para el ama de casa se convierte en una labor tediosa donde pasa dos horas esperando para elegir, primero, y pagar y recoger después. La disponibilidad es más importante para el comprador que el precio, la cotidianidad de ir al mercado se transforma en un diabólico juego en el que cuando para la música todos deben ocupar las escasas sillas vacías que queden. Todo lo que no sea soviético es tan precioso como un unicornio. Los más potentados tientan al escritor británico, ofreciendo sumas astronómicas por sus pantalones vaqueros, en un intento de poseer la imagen de modernidad, de ser occidental y cool, de saborear el placer de lo prohibido por el régimen.

Thubron observa que muchos soviéticos hablan con frases que se cortaban repentinamente. Este fenómeno es habitual en las personas que se habían criado durante el período estalinista, personas marcadas profundamente con un miedo inconsciente que ponía fin a una conversación banal de una manera abrupta, o manifestaban de tanto en tanto un “por supuesto esto queda entre nosotros” o “claro que es posible que me equivoque”.

Haciendo honor a sus orígenes anglosajones, el escritor británico envuelve muchas de sus conversaciones con personajes caucásicos, georgianos, eslavos o rusos en vodka u otros bebedizos, y lo hace con un sentimiento de culpabilidad adolescente, primero, y con una enconada cadencia después, brindando por las cosas más peregrinas. Admirable su capacidad analítica aún llevando una melopea de padre y muy señor mío.

Un viaje fascinante de la mano de Colin Thubron, todo un maestro de la literatura de viajes, por una tierra con inmensas contradicciones, que necesita de líderes más espirituales y divinos, que políticos (“Padre Lenin”, “Tío Stalin”), que contiene a la persona más mirada del mundo (Lenin en su mausoleo) y que como dijo Wiston Churchill: “Rusia es una adivinanza, envuelta en un misterio, dentro de un enigma”.

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6 respuestas a Entre rusos

  1. claudiabarco dijo:

    Me ha encantado Carlos, como siempre muy bien escrito, tengo muchas ganas de leerme el libro, me fascina Rusia y su historia. Me son muy familiares algunas de las anécdotas que cuentas aquí, sorprendentemente familiares

  2. Carlos Valadés dijo:

    Gracias Claudia. Teniendo en cuenta que era prácticamente el mismo sistema no me extraña que todo te resulte familar, las colas, los cederistas, la censura…..
    Espero que hayas disfrutado por la Ruta de la seda!

  3. Iván dijo:

    Gran reseña Carlos, la verdad es que es obvio que Rusia no deja indiferente a nadie. Sin duda que es un pueblo especial, tanto por su forma de ser como por su Historia. Como bien dices Colin Thubron es un grande, como viajero y como escritor lleva consigo las formas y ·”ese algo especial “de los grandes mitos de la Literatura de viajes . Y es que creo que sin duda tiene esa innata capacidad de sacar las pequeñas historias de la gente de la calle, algo que admiro en los viajeros y que creo que llevan en los corazones otros grandes que admiro como son los buenos de Leguineche o Kapuscinski 😉

  4. Alisetter dijo:

    Totalmente de acuerdo con Claudia e Iván! me encanta, Carlos, y me han entrado muchas ganas de leer este libro del gran Thubron, que no conocia además.:-)

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