Noventa y dos días

Título: Noventa y dos días

Autor: Evelyn Waugh

Reseña hecha por : Carlos Olmo   @vagamundo

Evelyn Waugh es probablemente un nombre que no suena mucho como escritor de libros de viaje, probablemente porque el gran éxito de su novela Retorno a Brideshead, transformada en una de las series de televisión más populares en los años ochenta y que supuso la consagración de Jeremy Irons como actor, eclipsó el resto de su obra.

Si embargo, Evelyn Waugh publicó, y con bastante éxito, libros de viajes, varios de ellos traducidos al español, como los siguientes:

  • Viaje por el Mediterráneo (Península, 2002), que narra su viaje de 1929 a lo largo y ancho de todo el Mediterráneo, de Monte Carlo a Port Said, de El Cairo a Sevilla, pasando por ciudades como Nápoles, Constantinopla, Argel o Barcelona.
  • Gente remota (Ediciones del Viento, 2003), sobre los fastos de coronación de Haile Selassie I, el Ras Tafari, como  emperador de Abisinia.
  • Robo al amparo de la ley, de 1939 (Homo Legens), sobre la expropiación petrolera del presidente mexicano Lázaro Cárdenas.
  • Jerusalén: Viaje a los santos lugares ( EDITORIAL ELBA, 2011), crónica de su visita a Jerusalén en 1951,  publicada en la revista Life con el significativo título de “La defensa de los Santos Lugares”.

También fue un notable cuentista, y RBA se ha tomado la molestia de agrupar en un libro de 672 páginas sus Cuentos Completos, donde se aprecian en todo su esplendor el humor ácido y la ironía que destila toda su obra.

Evelyn Waugh diseccionó con su humor corrosivo a la sociedad británica, sobre todo a la aristocracia, por la que sentía una dualidad amor/odio.

Noventa y dos días es la narración de su viaje de 92 días de duración por las Guayanas y Brasil, en 1932, dos años después de su viaje africano para la ceremonia de coronación de Haile Selassie.

En el libro,  sobre su afición a viajar, nos dice:  “en mi caso, y en el de muchos mejores que yo, existe una fascinación por los territorios lejanos y bárbaros, y particularmente por esas zonas fronterizas en las que entran en conflicto culturas y niveles de desarrollo, donde las ideas, arrancadas de raíz de sus tradiciones, adoptan otras formas al ser trasplantadas.”

La entonces Guayana Británica, ahora Guayana a secas, se convierte en el escenario en el que el autor describe sus penalidades en el recorrido por tierras apenas plasmadas en mapas, a pie y a caballo, atravesando ríos, cruzando sabanas y selvas, subiendo y bajando montes y montañas, negociando con desconfiados indios y mestizos la compra de provisiones y sus servicios como porteadores, sufriendo más o menos en silencio el ataque permanente de mosquitos, garrapatas, pulgas, y todo tipo de bichos, y visitando misioneros de varias religiones.

Habla, intentado que no se le note el aroma colonialista de ser superior, de la personalidad indolente y pusilánime de los indios, desconfiados y reservados por naturaleza; de la negros africanos, llevados como mano de obra esclava, y de los mestizos, adaptados al tipo de vida de los trópicos pero conocedores de no ser de allí ni de ningún lugar.

De esta combinacion salen personajes interesantes e historias apasionantes como el intento de la Compañía, como llama en el libro a la Orden Benedictina, de llevar el progreso a esa región e instalar, con poco éxito, una fábrica de hielo en plena jungla.

Los imprevistos le hacen variar su ruta y su planes continuamente, pero disfruta con los escenarios naturales que se abren ante sus ojos: la selva, la sabana y las montañas son diferentes pero forman un tod armónico, con los ríos, sus cascadas y sus remansos, como nexo de unión.

Las poblaciones que visita son muy pobres y las condiciones de vida miserables, con ciudades en decadencia como Boa Vista, en Brasil, donde pasa varios días, demasiados según dice claramente sin guardarse su opinión negativa, a la espera de un barco para ir a Manaos, que no llega nunca y eso le obliga a  regresar a Georgetown, la capital de la Guyana inglesa, por una ruta alternativa.

Es una obra menor, sin prolijas descripciones de la cultura de los indios amazónicos, o de los conflictos territoriales que siempre ha habido en esta región entre Venezuela, Brasil y las tres guayanas, entonces colonias británicas, holandesa y francesa (la única que sigue siendo actualmente colonia, bien conocida por ser el lugar de lanzamiento de los cohetes Ariane del programa espacial europeo, concretamente desde la localidad de Kourou), pero es de lectura muy amena y sirve para darnos a conocer uno de los territorios más inexplorados y menos visitados aún hoy de Sudamérica.

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Una respuesta a Noventa y dos días

  1. Iván dijo:

    Gran reseña Carlos, la verdad que no conozco nada de esa zona del mundo, y es que de la Guayana no he leído nada. Lo pongo en la lista interminable 😉

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