El club de los faltos de cariño

Título: El club de los faltos de cariño

Autor: Manuel Leguineche

Reseña hecha por : Iván Marcos     @ivanmarcos

Decía el refranero  viajero  aquello de que “la vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los momentos que nos quitan la respiración”. Sea cierto o no,  lo que está bien claro es que muchos vemos en los libros y en los viajes una combinación perfecta para aprender, sentir, ver y en definitiva vivir . Hoy hacemos 100 reseñas de viajes en Leer y Viajar , un centenario de inolvidables viajes que nos han acompañado a través del camino de la vida. Libros que en muchos casos nos han ayudado a proyectar nuevos sueños para  los nuevos caminos a recorrer, o simplemente para disfrutar con el placer de la lectura. Y es ahora con ese centenar donde quizás conviene pararse a pensar. Para ello,  hemos creído oportuno hacer un guiño a uno de los referentes de muchos viajeros de este país, se trata del gran Maestro de viajeros y reporteros : Don Manu Leguineche.

Y ahora conviene recordar que con el gran viajero y maestro empezamos la  aventura colaborativa de Leer y Viajar. Con aquel inolvidable viaje y libro de “El camino más corto” empezaba este humilde blog colaborativo donde la magia de las palabras se unía a la pasión por el viaje, la aventura y la cultura. Con aquella maravillosa vuelta al mundo de Leguineche rompímos  todas las  fronteras y llegábamos a ese fantástico Universo de letras y caminos donde los sueños se confunden con la realidad. Un espacio donde la imaginación, los viajes y los libros se unen en un lugar llamado Libertad. Y es ahí , en ese espacio vital de la vida donde aparecen ciertos autores y libros inolvidables que nos acompañan a lo largo de nuestro discurrir.

Recuerdo un dicho fascinante de Leguineche leído en una vieja entrevista  “Hacerse a uno mismo con libros y viajes” , y es que en una simple frase quizá refleja una forma de ver la vida, bajo el prisma de un trotamundos y ávido lector. Saborear parte de la vida a través de los viajes y los libros no es mala forma de pasar el tiempo que nos toca vivir.

Estamos ante un libro inclasificable donde va haciendo un repaso a lo largo de textos cortos, son reflexiones sobre experiencias, momentos, sensaciones, personas o lugares. Viajamos a la vida de uno de los grandes humanistas  y viajeros españoles de los últimos cincuenta años. Estamos probablemente ante uno de los pocos que han podido ver , vivir y sentir la mayor  parte de los países del Planeta y acontecimientos vitales del pasado medio siglo. Y es bajo ese título lleno de matices humanos donde encaja un libro y una vida fascinante. De personajes como Mandela pasamos  a los amigos de Leguineche en Brihuega, de guerras de medio mundo a su descanso en la Alcarria de Guadalajara, de una agradable partida de cartas a la aventura de dar la vuelta al mundo. Y es así como llegamos de nuevo desde esta reseña 100 a la 1, porque Leguineche nos dice en el libro que aquellla vuelta al mundo de “El camino más corto”  es lo más grande que ha hecho.

Hace treinta años que partí de Madrid para dar la vuelta al mundo. Es lo más importante que he hecho en mi vida. Estaba en la edad justa, con el espíritu adecuado para devorar el mundo.Era una oportunidad de esas que solo se presentan una vez en la vida. 

Aquella noche de porrones y tortilla en la parte vieja de Madrid estaba lejos de saber que en el espacio de más de dos años de viaje por el mundo vendería píldoras de vitaminas en los mercados chinos en Tailandia , un mono hambriento se comería mi pasaporte en Bangkok; anunciaría el comienzo del fin de la monarquía en Libia y los prolegómenos de la Guerra de los seis días en Oriente Próximo; estaría a punto de morir de disentería aguda en el desierto norteafricano. Cazaría( es un decir) el tigre de Bengala en India, la gacela en el Sáhara y el canguro en Australia; asistiría a la fiesta del agua en Luang Prabang invitado por el rey Sivang Vatana; quedaría aislado a causa de una epidemia de cólera en Afganistán; cubriría la guerra entre India y Pakistán de 1965, donde me hicieron preso y estuve a punto de ser linchado como espía pakistaní. Luego las guerras de Laos, Camboya, Vietnam, el golpe de Estado con Sukarno en Indonesia; me ofrecieron un contrato para cantar en un cabaret de Singapur; jugaría al fútbol con el príncipe Norodom Suhanuk de Camboya y con los pelotaris vascos en el frontón de Manila; caminaría por el Himalaya acompañado del primer hombre que subió al Everest, el sherpa Tenzing( en la cordada de Hilarry); fumaria un pitillo de la mejor gancha con los primeros hippies subidos a Katmandú; pasearía en elefante por la ciudad india de Jaipur en las fiestas de los maharajas, jugaría al tenis con la maharami; asistiría a la cremación del ultimo rey de Bali; comería sesos de mono en cuchara de plata regados con cóctel de víbora en Hong Kong; me ofrecerían en venta por 15000 pesetas a una muchacha tailandesa, cerca de la linde con Birmania, me llevaría por delante la barrera del puesto de Sollum, en Egipto, sentiría la amenaza de las tribus patanas en el legendario paso del Khybet. La vuelta al mundo sin subir a un avión, veintidós años después, careció de la emoción romantica de aquel primer viaje. Y es que la añoranza late al calor de la primera juventud.

A lo largo de la centena de reseñas de libros  hemos ido atravesando el mundo con muchos sueños y viajes. Ahora hemos unido dos puntos del 1 a 100 con un libro lleno de momentos irrepetibles de un viajero inigualable.

Para acabar con el homenaje a uno de los grandes humanistas de nuestro país hemos dejado  la carta que el maestro Miguel Delibes le escribe.

 Te convertiste en un creador original que no hacía libros de ficción, ni de guerras, sino de crónicas creativas y humanas de hombres que no se entendían entre sí porque nadie les había enseñado otra cosa. Pero bajo tus renglones subyacían la vida, la bondad y el amor que estaban dentro de ti. Este fue tu hermoso oficio al que tú no añadiste sangre ni crueldad sino al revés, de tal modo que tus libros se vendieron a millares, aunque tú les regateaste el morbo y te manifestaste cauto, sobrio y hermano a todos, hasta que el creciente número de lectores empezamos a ver en ti un mediador del que no sabíamos prescindir, un hombre de bien que nos ponía el mal ante los ojos, pero nos los cerraba para que nos recreáramos en los alicientes de la paz y la vida cotidiana. Cuántos personajes inolvidables, vidas inolvidables (oh, aquel combatiente en una isla solitaria que pasa la vida en una guerra que ya no existía, aquel buen salvaje que nos cautivó convertido, por la magia de tu pluma, en un corresponsal de paz, sacrificado y limpio.
Este es tu secreto querido Legui; enseñar que, en el fondo de sí mismo, los combatientes querrían ser amigos de sus enemigos; que la paz no costaba tanto como los hombres en guerra pretendían demostrarnos.
Entre guerra y guerra escribiste libros luminosos -¡Los mayas!- y esperanzados, sobre una Humanidad que hubiera merecido vivir en paz. Quiero decir que la pasión y crueldad apenas trascendían en tus libros. Tú registrabas seres vivos, convincentes con una prosa constructiva en contra de la tragedia que pretendías pintar. No llegabas a pintarla. Pintabas, posiblemente sin quererlo, el lado humano y positivo de las cosas, de los hombres, como el buen salvaje de tu libro inolvidable. 
Así has venido a resumir, querido Leguineche, en tu último libro “El club de los faltos de cariño” –en el que no te corresponde estar- de tus libros bélicos. Ideas, anécdotas, pensamientos, observaciones, que son como el poso que han destilado tantos hermosos libros como escribiste en la vida y que sorprendentemente, sin enterarte ni tú mismo, llevaban el sello del humanista. Tu obra dice bien claro que no te gustaba que te mandasen. Ni mandar. La autoridad sobraba en tu credo.
Te abraza y felicita 
Miguel Delibes

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9 respuestas a El club de los faltos de cariño

  1. Alisetter dijo:

    Tremenda reseña, Iván, felicidades :-).

  2. Carlos Valadés dijo:

    Emocionantes momentos con D.Manuel en su casa. Un número tan significatico como el 100 se merecía una reseña así. Un abrazo amigo 🙂

  3. De los escritores, el que más me influyó para hacer la vida que hago fue Julio Verne; de los viajeros Antoine de Saint Exupery, y de los viajeros-escritores sin ninguna duda Manu Leguineche; recuerdo como si fuera ayer aquel día de 1996 que el libro cayó en mis manos y me dio unas ganas locas de irme a dar la vuelta al mundo, y pocos meses después estaba viviendo muchos momentos de esos “que nos quitan la respiración” y 15 años después sigo en ello.

  4. juanms dijo:

    Un título muy sugerente para comprender tiempos cómo estos. Felicidades por el record de libros, suma y sigue.

  5. Iván dijo:

    @Alicia: Entrañable el libro y el viaje con Carlos para el encuentro con Leguineche. Memorable
    @Carlos Valadés: Un momento especial e irrepetible el que vivimos en la Alcarria
    @Carlos Olmo: Creo que El camino más corto es un libro que ha sido super inspirador para muchos
    @Juan: El título creo que es una declaración de intenciones, el apoyo a los faltos de cariño y a la gente olvidada

  6. Pau dijo:

    Enhorabuena a todos los que habéis hecho posible este proyecto, lo disfruto como lector 😀

  7. leeryviajar dijo:

    Gracias amigo Pau. Un fuerte abrazo viajero-lector

  8. Pingback: Hijos del Monzón | Leer y Viajar

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