El pergamino de la seducción

Título: El pergamino de la seducción

Autora: Gioconda Belli

Reseña hecha por : Alicia Ortego  @Alisetter

No me había planteado, a priori, realizar una reseña para Leery Viajar de esta novela, ya que me esperaba más que nada un entretenido paseo por un capítulo bastante oscuro de nuestra historia, el de Juana de Castilla, “la Loca”.Sin embargo, durante su lectura fui reparando en un aspecto que destaca el libro, y en la vida de esta mujer: los viajes que se realizaban en la época. Al menos los que realizaban los reyes y toda su caterva de nobles, cortesanos y cortesanas, guardias y demás miembros del séquito que correspondía a gentes de este rango.

Porque Juana viajó bastante, o mucho. No sólo una vez fue al encuentro de Felipe el Hermoso, allá en Flandes, si no que ya de niña viajaba, acompañando a sus padres en la vergonzosamente llamada “reconquista”… porque fueron reyes que decidieron estar casi en primera línea, viviendo en campamentos de guerra, asegurándose de que sus órdenes eran cumplidas, de que a sus tropas no les faltaba valor, asegurándose de “limpiar” España. La religión, con la Inquisición a la cabeza, fue el mejor ardid que encontraron los Reyes Católicos para vertebrar una sociedad, unos territorios absolutamente invertebrados en muchos aspectos. No les salió mal, eh?. Podríamos hablar de ése objetivo, y del precio que se pagó, pero… volvamos al libro.

Somos una familia de nómadas. Mis padres son reyes en guerra y la corte va de castillo en castillo. La corte se instala donde las necesidades militares lo demandan. Apenas tengo tiempo de jugar. (…). Si río a carcajadas, me dan de palos porque la experiencia enseña que el castigo físico es medicina para la locura de las niñas y que el dolor es saludable para la disciplina de nuestros cuerpos. 

Empecemos por el principio. Gioconda Belli es una escritora nicaragüense, que descubrí gracias a una amiga hace tiempo, con su libro La mujer habitada, para después leer su El país bajo mi piel, una suerte de autobiografía donde rememora la Revolución de Nicaragua y cómo el amor y la guerra se entremezclan, en las trincheras sandinistas (donde ella tuvo un papel activo). Un libro que merece la pena (Edt. Gebara).

Ahora nos trae esta obra donde mezcla la historia de los supuestos descendientes de los carceleros de Juana de Castilla en el Madrid de los años 60 o 70, con la historia de esta reina, a través de un narrador-historiador y una huérfana centroamericana y adolescente que vive en un monasterio de clausura, como interna. Ella parece encarnar muchas de las cualidades y valores de aquella Juana.

…Ciertamente que cualquier mujer nacida con su gran talento en el s. XVI se habría vuelto loca, se habría suicidado o habría terminado sus días en una cabaña aislada, apartada del pueblo, medio bruja, medio maga, temida y objeto de escarnio. Virginia Wolf, “Una habitación propia”.

 Juana fue vilipendiada y por fin acallada en un cautiverio que duró unos 47 años, en Tordesillas. Se dice pronto, tantos años encerrada, posiblemente fantaseando con otros lugares, otros horizontes, ante el discurrir del Duero a sus pies.No todo el mundo está de acuerdo en que padeciera alguna locura. O quizá sí, quizá padecía un trastorno bipolar o algo similar… Siempre desde la duda y la imposibilidad de probarlo, aquí nos encontramos con otra lectura, la de una mujer de ideas modernas y mucho más liberales que las de la España de los Reyes Católicos. Una mujer que descubrió el amor en un matrimonio arreglado, una pasión de verdad, entorpecida siempre por el hecho de pertenecer y tener que actuar como reyes y reinas, en época convulsa.

Sobre todo, Juana empezó a abrir su mente cuando empezó a recorrer los caminos que le llevaban a aquél amor.

Viajes que duraban meses, por tierra y mar, salvando tempestades, fríos y calores, sin los sistemas climatizadores de ahora, ni los modernos transportes, por supuesto. Viajó muchas veces, algunas embarazada, en esas condiciones.

Por supuesto muchísimo mejores esas condiciones que las del vulgo, aunque supongo que la gran mayoría de la gente no salía de sus pueblos más que para comerciar en los vecinos.

Desde esa posición privilegiada pudo observar y comparar cómo se vivía en unos y otros sitios. A veces incluso saliendo de incógnito con Felipe, conociendo de primera mano la vida popular en los mercados y tabernas.

Hacer un camino entre Toledo y Zaragoza podía llevarle, tranquilamente, un par de meses…. Porque además del viaje y su lentitud, como príncipes y después como reyes se veían agasajados por los castillos y villas en los que hacían parada. Agasajos o fiestas que se prolongaban varios días. Y luego necesitaban otros tantos para hacer los preparativos de su logística antes de partir.

Eran, pues, viajes lentos… lentos y en muchas ocasiones con un montón de imprevistos y decisiones sobre la marcha, donde podían decidir, en cualquier momento, quedarse varios meses descansando en un castillo concreto, en un monasterio, o en un palacio.

A través de la narración “redescubrimos” Fuenterrabía, Burgos, Zaragoza, Madrid, Toledo, Granada, Lerma… cerrando los ojos, podemos imaginar cómo eran entonces esas villas, la mayoría pequeñas pero bien dotadas con monasterios y conventos, además del castillo defensivo de rigor.

De Flandes y sus encantos nos habla largamente. Una sociedad más abierta, culta, multicultural, tolerante, trabajadora y sobre todo emprendedora, que la oscura y maltrecha España que sin embargo empezaba a resurgir de sus cenizas con el “descubrimiento” de América. Ella misma recuerda cuando conoció a Cristóbal Colón y los indígenas que trajo con él, además de algunas muestras del oro que prometía.

Juana fue educada como pocas mujeres lo fueron en aquel momento, y eso que ella se quejaba de la desatención que recibía de sus padres, en especial de él. Quizá por querer llamar su atención, se aplicó en sus estudios.

Tendría doce años cuando la Latina me regaló por mi cumpleaños un libro que me absorbió. Se llamaba “Visión deleitable de la filosofía y las artes liberales”. Hasta que lo leí nunca había pensado cuán extraordinario era que nuestra especie hubiese llegado a deducir la existencia del alma, de las realidades externas e internas, ni me había percatado de lo insaciable y pertinaz que es la sed de saber de la que padecen nuestras mentes.

 …y sobre esa base emprendió esos viajes. Flandes fue una puerta abierta a saciar su apetito de saber, algo que seguramente no le hubieran dejado desarrollar aquí. Y así fue una de las princesas más cultas e inteligentes del Renacimiento, pero con una gran debilidad: sus pasiones, siendo mujer.

Ella quería vivir más que gobernar, y por otro lado era capaz de discernir con mayor cordura entre el bien y el mal en las intrigas políticas que constantemente se sucedían a su alrededor. Y no se callaba. En muchas ocasiones se acogió al recurso de la pataleta para ser escuchada, para ser tenida en cuenta… y esas “pataletas” (que hoy serían huelgas de hambre), dio la pista que necesitaban los demás para justificar apartarla del poder y dejar paso al hombre. O realmente así lo creían, realmente estaban convencidos de que no era una mujer en sus cabales, porque ninguna otra osaba hacerlo… o si lo hacía, no duraba mucho antes de ir a la hoguera.

Los hombres no podían dejar que una mujer les gobernara ¿verdad?. Su propio marido, Felipe, quien también la amaba locamente, no podía dejar que ella le superase. Su propio padre lo impidió mientras pudo. Su propio hijo Carlos se encargó de rematar la jugada, asegurándose de que nunca saliera de Tordesillas. Allí no sólo fue aislada del exterior y acallada, sino que también fue maltratada. Y los historiadores, hombres, nos transmitieron esa historia.

Yo me quedo sobre todo con uno de los mensajes de este libro y de esta historia: los viajes amplían los aprendizajes, los aceleran, dan la posibilidad de conocer de primera mano otras realidades y rebajar la tuya, rebajar la prepotencia “natural” o más bien inculcada que todos los que no salen de su pueblo, tienen. Ayuda a no ver a los extranjeros como invasores que nos van a quitar nuestra identidad además de cosas más materiales. Ayuda a ser más tolerante, y sí, probablemente más inteligente, más “moderno”, más empático y más comprensivo.

Y al Poder no le interesa este tipo de ciudadanos, tengan el rango que tengan, al menos en la España, acaso de nuevo “oscura” en la que vivimos.

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