Entre cielo y tierra

Título: Entre cielo y tierra

AutorJón Kalman Stefánsson

Reseña hecha por: Alicia Ortego   @Alisetter

Buscaba algo para leer durante una escapada a Islandia, y la verdad es que no encontré demasiadas cosas, en español, si quieres salirte de la novela negra de los países escandinavos que tanto éxito está teniendo últimamente.entre cielo y tierra

En Altaïr, una de las librerías de viaje referentes de España, encontré este título.Jón Kalman Stefánsson es un escritor islandés ampliamente reconocido en su país, con el Premio Nacional de Literatura de Islandia del año 2005 a sus espaldas, y ofrece una historia que transcurre en el siglo XIX islandés. La dura vida de los pescadores de antaño, y de los pueblecitos donde la escasa población se conoce y no se conoce.

Me encontré con un autor de pluma poética, que a veces me recuerda al gran Saramago en sus disertaciones y peculiar estilo, que llena sus páginas de bellas metáforas y sobre todo grandes pensamientos.

“Sigurdur tiene farmacia y librería en el mismo local, los libros están tan impregnados de olor a medicina que sanamos de todos los males con sólo olerlos, así que dime si no es sano leer libros”.

“Una luz que consigue alumbrar un buen verso ha alcanzado, sin duda, su objetivo”.

En este caso, la historia da vueltas en torno a sus reflexiones sobre la vida y la muerte, pero también sobre la pasión de leer. Algo que no es de extrañar porque estas nobles “aficiones”, o “costumbres”, o como queráis llamarlas, son algo más que común en Islandia. Un clima extremo que obliga a resguardarse del mismo y una tierra de limitadas opciones porque pocas cosas se producen allí (y menos hace poco más de cien años), quizá sean el origen de esta pasión lectora, y escritora por cierto.

“La vida tiene sobre la muerte la ventaja de que uno sabe más o menos de qué trata, y en cambio la muerte es una gran incertidumbre, y pocas cosas sientan tan mal a un ser humano como la incertidumbre, es lo peor que puede haber”.

En una tierra de paisajes apocalípticos donde la lava (el fuego) y el hielo conviven como si tal cosa, de clima duro e implacable, los personajes se enfrentan continuamente a situaciones de vida o muerte. Ya sea salir a pescar, o hacer una caminata de varias horas para llegar a casa –lejos de donde se trabaja-. Los sueños de esos verdaderos supervivientes, que viven buena parte del año entre tinieblas y viento polar, hielo, agua gélida, bacalao… son sueños sorprendentes y a la vez familiares. No sabrían hacer otra cosa, pero sueñan con otra cosa, con una vida próspera, cómoda, con caprichos… así es el hombre, el ser humano. Vayas donde vayas, siempre hay gente aspirando por otra cosa que no sea la suya, y cuando encuentras a alguien que vive plenamente satisfecho con lo que tiene, te sorprendes o no te lo crees.

“Árni sueña también con una casa de madera, sueña con sanear su prado, con allanar los matojos de hierba, con comprar suave tela roja en la tienda de Tryggvi, y también juguetes para los niños. Quien no tiene sueños corre peligro. Gvendur sueña con unas botas americanas y no hace más que mirar las de Árni. Einar tiene intención de comprarse una chaqueta americana y una gorra en cuanto acabe la temporada de pesca.Y el muchacho sueña con libros, con otra vida y en ocasiones con Gudrún, quizá podrían comprarse los dos un terrenito, no, demonios, él no es campesino, no tiene el menor interés en convertirse en campesino, ni siquiera junto a la mujer que posiblemente lo haría todo bueno y luminoso y lo transformaría todo en un cuento de hadas, no, él empezará como dependiente en la tienda de Leó, entonces podrá leer todas las noches, así llegará a algo y las posibilidades se multiplicarán”

Un simple olvido, una distracción provocada por el amor a la lectura, hace que uno de ellos pierda la vida. Tan sólo hace falta olvidarse del chaquetón de piel para que el cuerpo humano no pueda aguantar las horas de trabajo en la mar, remando en busca del bacalao que es su sustento. Así de simple, así de cruel, una vida que no ha llegado a los 30 años expira.

“Aún no son las tres y Bárdur toma una decisión, desaparece una vez más en la casa. Andrea niega con la cabeza pero sonríe débilmente, sabe que está en la escalera, que sube a la cama, hojea El paraíso perdido y lee los versos que quiere aprenderse de memoria para llevárselos y disfrutarlos él y el muchacho”

El dolor de los que sobreviven y sus historias transcurren entre reflexiones sobre sus sentimientos y descripciones sobre la vida en los pequeños pueblos de la cosa islandesa. Y la lectura siempre ahí, acompañando, arropando. A veces hermosa, a veces angustiosa, a veces un poco lenta y oscura, a veces reveladora, esta novela puede ser un buen acompañante para un viaje –mental o real- a esa magnífica isla.

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