La emoción del nómada

Título: La emoción del nómada

Autor: Miquel Silvestre  @miquelsilvestre

Reseña hecha por: Iván Marcos  @ivanmarcos

Emoción y nómada son dos palabras  profundas y hermosas que dicen muchas cosas, ambas se unen de forma maravillosa en el presente libros de viajes. A lo largo de las  más de cuatrocientas páginas de aventuras que hay en el libro, Miquel Silvestre tiene la capacidad de emocionarnos muchas veces, tanto por experiencias propias como por situaciones que acontecen con infinidad de personas entrañables y buenas.emocion nomada miquel silvestre

El bueno de Miquel ha estado durante muchos años luchando de forma quijotesca para recordar a los grandes exploradores españoles que han sido olvidados por políticos mediocres y por libros de Historia que no recuerdan a muchos de los que se fueron hace siglos a descubrir mundo.

La suya ha sido  una aventura para honrar y recordar a gente tan grande como  Ruy González de Clavijo en Samarcanda, Pedro Páez en Etiopía o el Capitán Francisco de Cuéllar en Irlanda.

En la vida, siempre he tenido como ejemplo a gente honrada , trabajadora , humanista y soñadora. Personas que demuestran como lo imposible y una gran parte de los sueños se pueden alcanzar a base de constancia, trabajo, perseverancia  y  luchar en que uno cree. Miquel es una de esas personas que de forma independiente se lo  ha currado a base de mucho trabajo, esfuerzo, y sobre todo de creer en que se pueden conseguir las cosas.

Tuve la suerte de conocer a Miquel en Estambul cuando regresaba de su Embajada a una legendaria Samarcanda que yo también pude visitar en busca de aquellos fantasmas y sombras de la legendaria Ruta de la Seda. Fue un encuentro breve al final de la tarde que nos llevó a compartir unas cervezas y una cena. En la vieja Constantinopla pudimos conversar durante varias horas sobre  libros, viajes y el caos de Asia Central.

Nicolás Bouvier nos decía aquello de que “Uno cree que va a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que lo hace a él”. Y la verdad que eso es algo que se nota en ciertos viajes de larga duración , es una evidencia palpable eso de que los kilómetros recorridos van parejos a un conjunto de emociones que tienen que ver evidentemente con el propio viaje, pero sobre todo con las personas que aparecen en el camino , seres humanos que sin nosotros quererlo van siendo un reflejo del viaje,  de la vida y de nosotros mismos.

Una buena parte del libro, quizá  la más personal, dura y fascinante tiene lugar en el caos de  Asia Central, en los famosos tanes que conforman nuevos países a partir de los restos de aquellas antiguas repúblicas soviéticas donde el viaje se convierte en una aventura, pero también en un suplicio y en una prueba constante.

Allí ,en la lejana Asia Central ocurren situaciones de todo tipo, mucha burocracia, e infinidad de problemas que vienen de la  la herencia de tantas décadas bajo el yugo soviético, pero también encuentros con muchos tipos de personas, desde locales a aventureros viajeros.

En el libro también aparecen otros enclaves míticos como Budapest, Estambul, Petra o el caos de los lugares santos entre Israel y Palestina.

He saboreado el libro con calma, con la serenidad apropiada que se merecen ciertas cosas buenas. Tengo infinidad de subrayados , algo que ha hecho que ciertas frases permanezcan en mi memoria y en mi subconsciente.

“Paraba en el lugar que se me antojaba. Y miraba. Miraba al mundo, las gentes, los paisajes. Y escribía. Escribía sentado en una terraza con una copa de vino o un café”.

” Es un buen día, uno de esos días tranquilos en los que sólo pasa la vida y eso es ya algo extraordinario. Un día es el que la felicidad se asoma por los visillos sin querer molestar ni hacerse demasiado presente”.

“Me empiezo a sentir  definitivamente conectado a la tierra que recorro con tanto gozo y también con tanto sufrimiento. Del paraíso al infierno en el mismo día. Ha costado mucho y padecido lo indecible en este viaje. Todavía me queda un duro camino de regreso, pero la felicidad del viajero ya corre desbocada por mis venas. Mientras camino hacia mis amigos me dijo- Esto es lo que has venido a buscar y por fin lo has encontrado-“.

Pero de todas las reflexiones de Miquel, sin duda las que siempre recordaré y guardaré en el corazón son las del capítulo de la catedral de Tashkent, la capital uzbeka fue un lugar de reflexión interior que emociona:

“Lo severa que ha sido mi vida desde que abandoné aquella plaza de registrador de la propiedad. El miedo, el frío, el calor, el cansancio, la sed y el hambre.  América, Europa, África, Asia. Y siempre tanta suerte, tantísima buena suerte. Una suerte que acaba siendo increíble de tan reiterada, que es necesariamente inaceptable como pura casualidad”.

” Ahora por fin entiendo que era necesario el sufrimiento, el largo camino hasta aquí, Durante éste he aprendido quién soy y quénes son los demás. Me he caído del caballo del escepticismo y la isontropía. La carretera, los desiertos y las selvas me han enseñado que ningún hombre es una isla, que nunca podría haber sobrevivido por mis propias fuerzas, que en realidad nunca he estado solo y que en realidad siempre ha habido alguien al otro lado.”

” En estas lágrimas varadas en la catedral de Tashkent hay coagulado un conocimiento nuevo que aún me llevará mucho tiempo asimilar y reconocer”.

“El triunfo está en aceptar y no en comprender. Pero eso lo aprenderé mucho más adelante. Dentro de miles de kilómetros y toneladas de polvo”.

Me alegro mucho de haber conocido a Miquel en aquella tarde-noche de Estambul y debo decir que su autenticidad se transmite en su pasión por el viaje, la aventura y el arte de juntar palabras.

Su éxito es la de un autor que encabeza el listado de libros de viajes más vendidos y que le ha llevado a protagonizar un fascinante viaje documental  en La 2 de Televisión Española.

Un libro fascinante de viajes, pero también las reflexiones de un Miquel que recorre el mundo a lomos de una BMW ( que llama Gorda) para recordarnos que debemos luchar y esforzarnos para aprovechar la vida e ir en busca de nuestros sueños.

Gracias Miquel.

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2 respuestas a La emoción del nómada

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